lunes, 28 de marzo de 2016

Más allá de la conducta problemática del niño: Principales guías para su comprensión

Los problemas de conducta en los niños -especialmente aquellos que se reflejan en el área educativa- traen a muchos padres a consulta. El primer gran desafío a enfrentar en estos casos, no solo por parte de la familia sino además por parte de los profesionales, tiene que ver con romper las repeticiones y acciones desadaptativas arraigadas en la rutina, para empezar a generar cambios reales en el sistema familiar y, por tanto, en la conducta del niño.

Los cambios genuinos implican necesariamente una comprensión que va más allá de la mera conducta del niño, es necesario prestar atención al contexto en el que ésta se da, a quiénes (y cómo) beneficia, así como quiénes (y cómo) contribuyen a su permanencia.

Nos gustaría ilustrar a partir de un caso* las principales áreas a tener en cuenta en la comprensión del niño más allá de su conducta, de forma que permita acercar a una reflexión a aquellos padres que atraviesan por situaciones similares.


Historia breve de la familia**
Luisa tiene 45 años, está separada desde hace 2 años de su pareja (Rafael, 42 años) con quien tiene dos hijas: Mariana, de 14 años y Camila, de 10.

Luisa viene a vernos porque se siente preocupada por el comportamiento de su hija menor, a quien dice “no poder controlar”. Camila no parece prestar atención a aquello que pide su madre, no sigue las rutinas básicas diarias (a pesar de que las conoce) y cada vez es más desordenada, mostrando, además menor interés por los asuntos escolares. Luisa reconoce ser muy exigente en cuanto a orden y responsabilidades (consigo misma y con los demás), sin embargo comenta que intenta ser más “flexible” con Camila, insiste en las normas y reglas pero “no la machaca tanto sino sólo hasta que llega a un punto en donde no se puede más” y Camila de cualquier forma “pasa de todo lo que se le dice y se enfada como si fuese ella quien tiene la razón”, enojándose también con su hermana –quien suele apoyar a su madre- con la que cada vez discute más.

Luisa habla acerca de su expareja, la separación y cómo lo ha vivido la familia:

Nos separamos porque Rafael era incapaz de adaptarse a la vida adulta, a hacerse más responsable de la familia. Su profesión –fotógrafo- le llevaba a distintos lugares con mucha frecuencia, pasaba poco tiempo en casa y cuando estaba se dedicaba a lo fácil… Él es muy creativo, muy infantil, así que le era fácil también compartir con las niñas… jugaba con ellas, salía a dar paseos, hacía proyectos divertidos con ellas... Yo siempre sentía que el tema de obligaciones y responsabilidad me tocaba única y exclusivamente a mí… Mariana quizá es la que más me apoya en eso. Rafael y yo tenemos buena relación, pero yo me cansé de tantas responsabilidades… y decidí que para estar sola, como ya lo estaba con él, mejor estarlo de verdad. Aún nos queríamos cuando nos separamos, pero el divorcio tenía que llegar. Durante la separación, a veces pasábamos tiempo viviendo juntos en casa. No sé si eso ha podido confundir a las chicas… lo pienso ahora y me arrepiento porque yo lo veía, de alguna forma, como una etapa intermedia hacia la separación, pero quizá Mariana y Camila no lo entendieron así y Camila y él eran inseparables… Lo son aún. Mariana es más parecida a mí y Camila es exacta a él, incluso físicamente...

Le preguntamos a Luisa acerca de las fortalezas y cosas que le gustan de Camila, a lo que responde:

Es radicalmente diferente a su hermana. Nunca he tenido que estar encima de Mariana para que haga las cosas… Ella es más madura, responsable y obediente…

Le hacemos ver que nos da la sensación de que está sintiendo mucha frustración con respecto a la situación ya que, a pesar de que sabemos que hay muchas cosas que valora de Camila, no ha conseguido mencionar alguna. Luisa se sorprende de su propia respuesta, hace una pausa, y sigue:

Siento mucha frustración. Me cuesta reconocerlo y no quiero dar a pensar que prefiero a una ante la otra (Mariana y Camila)... Pero he probado de todo…  y su padre no me apoya… Mariana me cuenta que cuando están con él se la pasan de bromas y él no es muy exigente con los deberes o los horarios… He intentado que Camila cambie y esté bien y no lo consigo. He probado con fichas, recompensas, castigos… ya no se qué hacer y sé que no es solo cosa mía, porque su profesora también me dice que está muy respondona e inquieta, que no para de hablar con los compañeros y que se pone a hacer bromas y tonterías… y a los compañeros no les queda más remedio que reírse porque no se pueden aguantar la risa, al fin y al cabo las cosas que dice hacen mucha gracia, porque la tía es súper ocurrente… pero termina siendo ella quien los distrae de los deberes de la clase… Luego cuando su profesora le llama la atención y la castiga se enfada muchísimo, le dice que es una injusticia, chilla, grita, igual que le pasa en casa… Lo siento, he empezado otra vez a quejarme. Creo que me quejo porque a pesar de todo lo que he intentado, Camila no responde. He intentado por las buenas y por las malas, y nada… Siento que lo hace aposta, como algo que hace para molestarme, para ir en mi contra porque fui yo quien decidió lo del divorcio… o porque simplemente quiere hacerme enfadar porque no me soporta...

Luisa le ha pedido a la profesora de Camila  (Profesora L.),  que la mantenga al tanto de las cosas que hace en clase, para llamarle la atención en casa si es necesario. Luisa y la Profesora L. tienen buena relación y ésta última no duda en quejarse del comportamiento de Camila cada vez que pasa algo que considera importante en clase (a veces suele ser diariamente).

Partiendo del caso de Camila y su familia, veamos las aproximaciones necesarias para la comprensión de las distintas dinámicas, teniendo en cuenta que el comportamiento es un reflejo de nuestros propios procesos internos y nuestro estado emocional. Es reflejo asimismo de la  constante interacción con los procesos y estados de aquello(s) que nos rodea. Por ello, una conducta desadaptada es una señal de que el niño necesita algo. El niño hace una petición a “lo de afuera” a través de su comportamiento, a la vez que pide ayuda para, de alguna manera, restaurar su propio bienestar interno.

Comprender el momento del niño
Foto: Wallyto
Entender el comportamiento del niño de acuerdo a la etapa del ciclo vital en la que se encuentra, es de importancia fundamental. ¿A qué nos referimos con esto? Por una parte al acceso del niño a ciertos conocimientos según su propio desarrollo madurativo (físico y cognitivo), como por ejemplo: No podemos esperar que un niño de 3 años comprenda las consecuencias de una acción, ya que no ha alcanzado la madurez cognitiva como para acceder a esa comprensión. Por otro lado, tiene que ver con las necesidades emocionales de los niños, así como los cambios personales que se dan según su edad correspondiente, por ejemplo: cambios de colegios, clases o compañeros, menarquia en la niñas y distintos cambios del desarrollo psicosexual, importancia (mayor o menor, según la edad) de pares o de las figuras paternas, necesidad de mayor o menor libertad según la edad…

En el caso de Camila, hay varios aspectos importantes en este punto que permitieron que Luisa empezara a ver las cosas de forma diferente –y por ello, a actuar de forma diferente-:

  • La etapa del ciclo vital en la que se encuentra Camila, implica la necesidad de ser reconocida como persona (tanto dentro de su familia, como por parte de sus pares), es decir, ir buscando “su lugar”, definiendo sus gustos… Poco a poco sus pares (amigos, compañeros) van cobrando importancia por encima de las figuras parentales. Camila cae bien a sus compañeros a través de su espontaneidad y extroversión–cualidades también de Rafael- y la respuesta de estos le devuelven una imagen de sí misma que le gusta. Se siente aceptada–a diferencia de lo que siente en casa frente a su madre y hermana- y reacciona con enfado cada vez que la Profesora L. interrumpe esas interacciones (en especial porque la Profesora L. se ve como una extensión de su madre, por ser “aliadas” en la tarea de quejarse continua y mutuamente de ella).
  • Camila (así como otros chicos de su edad) necesita ganar confianza en su propia forma de hacer las cosas –a la vez que respeta las reglas sociales- así como en sus propias características. Las comparaciones continuas (explícitas e implícitas) de Luisa en cuanto a sus dos hijas, alimentan el enfrentamiento entre estas y una sensación de exclusión de Camila, quien entiende las diferencias señaladas como “ella es mejor que tú”. Camila intenta reivindicar sus propias características (que comparte con su padre, que no está) haciendo más marcadas las diferencias. Dicha comparación (hecha desde lo emocional, desde las propias representaciones que tiene Luisa de sí misma y de su marido, de lo correcto e incorrecto…) no tiene en cuenta las diferencias reales entre las hermanas dado el momento del desarrollo en el que se encuentra cada una: a la edad de Camila se le da más importancia al juego, las normas tienen menor peso y su internalización es mucho más precaria, además de que hay más impulsividad.


Comprender el momento de la familia
La familia, así como los miembros individuales, también tiene un ciclo vital particular. Los cambios que enfrenta la familia durante su ciclo vital -desde la formación de la pareja hasta cambios no normativos (divorcios, familias reconstituidas, muertes prematuras…)- también han de ser considerados y tenidos en cuenta para comprender qué expresa la conducta del niño. En este sentido, hemos de prestar atención a las edades de los hijos, edades de los padres, momento vital de los padres (profesión, estabilidad económica), relación con la familia extensa (abuelos, tíos…), relación entre padres, relación padres-hijos, relación hermanos…

En el caso visto, por ejemplo, Camila y su familia están atravesando un proceso de duelo: el que tiene que ver con la ruptura del sistema familiar, tal y como lo conocían. La familia se reajusta a los cambios, a las nuevas reglas y a la ausencia física de uno de sus miembros. La persona más cercana a Camila dentro de su familia, con la que más se identifica, es esa que se ha ido y a la que intenta ser leal siguiendo su imagen. Ahora que Rafael no vive en casa, es como si se quedase sola frente al “equipo” que forman Luisa y Mariana, respondiendo de forma defensiva y exagerada ante ellas. La tristeza y la rabia se expresan en el contexto más cercano: la relación de Camila con su madre.

Asimismo el establecimiento de reglas por parte de Luisa es ambiguo y rígido… arrastra una ambigüedad que también se dio en el momento de la separación (con las idas y venidas de la pareja que nunca fue explicado a las hijas) y que es vivido por Camila con mucho enfado, el cual le cuesta expresar de otra forma distinta a desobedecer a su madre. A su vez, Rafael no asume el rol paterno ni establece normas, necesarias para el crecimiento sano. La falta de acuerdo entre las figuras parentales a este respecto, genera mayor conflicto en las hijas.

Por otra parte, si Mariana es responsable y obediente, como su madre; Camila se posiciona espontánea, infantil y desordenada, como su padre. El asumir un rol determinado hace a cada miembro “esclavo” de ese rol particular, haciendo su conducta poco flexible ante los cambios que necesita el sistema familiar para desarrollarse y crecer.

Comprender nuestros propios sentimientos como padres
La forma en la que nuestra sociedad suele ver y juzgar la conducta de los niños, muchas veces dificulta la inserción de cambios necesarios en las dinámicas, ya que se exige la eliminación inmediata de la conducta que no se ajuste a las reglas. Cuando un niño resulta “problemático” se tiende a ignorar la señal de ayuda que su conducta implica –y con ello, se pasa a formar parte del problema-. En muchas ocasiones, la conducta del niño se convierte a su vez en un juicio de valor hacia el padre y madre, lo que suma una carga emocional extra a la situación, haciéndola más difícil de manejar.

Asimismo, los padres y madres tienen también otros roles (trabajadores, parejas, hijos…) y las pautas relacionales que han heredado, así como sus valores, mitos personales, creencias y formas de interacción que influyen en la manera en la que se relacionan y lo que exigen a los hijos.

En el caso de Luisa, por ejemplo, poder enfrentarse a su necesidad de control, orden y su estricto sentido de la responsabilidad le mostró una faceta de sí misma que a veces le es difícil de llevar. La presión que siente cuando no puede cumplir con sus propios estándares de responsabilidad le acarrea un gran dolor emocional. Ser capaz verlo le permitió asimismo comprender la exigencia que le hacía a Camila: “Me gustaría que fuese más libre… que no sienta que tiene que ser como yo o como su papá, ¡o que no sienta que tiene que ser todo lo contrario a nosotros! Que pueda ser libre de ser como quiere y como pueda ser feliz… me gustaría transmitirle eso y veo que, sin darme cuenta, le estoy pidiendo otra cosa: que sea como yo, le estoy diciendo algo así como que las cosas no están bien si no se hacen a mi manera”. A su vez, las nociones y valores que tiene en cuanto a las reglas influyen en la forma de exigirlas: suele ser rígida, ambigua e inflexible con Camila, a diferencia de cómo es con Mariana, ya que prevé siempre que la primera no cumplirá con las normas y la segunda sí.

Por otro lado, Luisa pudo comprender cómo las sensaciones que se circunscribían a la esfera de pareja, se colaban en la esfera parental: La frustración que podía sentir en su relación con Rafael (“su infantilismo, estar siempre jugando, no cumplir con las obligaciones”) se trasladaron a su hija, quitándole valor a su forma de ser, que es precisamente una de las principales necesidades emocionales de los niños de la edad de Camila. Que Luisa se atreviera a reconocer -sin juzgarse a sí misma o autocensurarse- las emociones que le producía que Camila se pareciera tanto a Rafael, le permitió darse cuenta que debajo de la frustración y la rabia había también mucho miedo a sentirse lejos de Camila, y que su dificultad para conectar con ella terminara por marcar una distancia inevitable entre las dos. Sus esfuerzos y sus intentos, vistos así, no tenían que ver con “controlar” a su hija, sino con sentirse cerca de ella, aunque terminaban por conseguir lo contrario.

Comprender el poder de la interacción
Como comentamos antes, muchas conductas designadas como problemáticas terminan por
aislar y castigar al niño, cuando en realidad, son una forma de pedir ayuda. En nuestro ejemplo, la conducta de Camila solo podía cambiar en un contexto en donde se hicieran otros cambios que implicaban a todo el sistema familiar. No se trataba solo de que Camila expresara su rabia de forma distinta, buscara la autoafirmación a través de conductas menos reactivas o que intentara movilizar a su madre a través de emociones positivas. Se trataba también de que Rafael se hiciera cargo de su rol de padre en cuanto a normas y reglas, que Mariana ocupara un lugar más de hermana, o que Luisa se confrontara a sus propios miedos y valores… Se trataba de que se comprendiera la situación y a Camila más allá de su conducta, más allá de las rabietas o el desapego a la norma.

Cada miembro de la familia tiene un rol en la conducta de los demás miembros. Para comprender la conducta del niño es necesario ir más allá de ella y preguntarnos el papel que tenemos en la misma y ver las interacciones que subyacen.

En el caso expuesto, Luisa fue capaz de comprender cómo todos aquellos “cambios” que implementaba (que, en realidad, no cambiaban nada de fondo) generaban más frustración en cada uno de los miembros de la familia, haciendo que se alejaran cada vez más entre sí.

La comprensión de la importancia que tiene la interacción de todos y cada uno de los miembros de la familia (participen o no directamente, o incluso, vivan o no juntos) permite vislumbrar algo en común que abre a la comprensión, en lugar de encerrarse en la mera coerción al cambio; algo que moviliza, en lugar de paralizar; flexibiliza, en lugar de rigidificar; y en conclusión, acerca, en lugar de aislar. La comprensión del niño más allá de su conducta, acerca al crecimiento sano de este y de toda la familia.

Artículo de Kreadis

* Sin intención de ahondar exhaustivamente en los distintos aspectos trabajados en dicho caso.
**Nombres, edades y otros datos han sido cambiados con intención de proteger la identidad de la familia y el carácter confidencial de las comunicaciones.